salvos por su gracia

Tito 3:5   “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.”

Este versículo nos recuerda que la salvación no se gana; se recibe. No es el resultado de nuestros méritos, sino de la misericordia de Dios. Él no solo perdona, sino que transforma: nos limpia por dentro y renueva nuestro corazón por medio del Espíritu Santo. Cuando entendemos esto, dejamos de confiar en nuestras obras y comenzamos a vivir agradecidos por Su gracia.

Oración: Señor, gracias por salvarme por tu misericordia y no por mis méritos. Lávame, renuévame y ayúdame a vivir cada día en gratitud por tu gracia. Amén.