Cuando enfrentamos peligros, dificultades o momentos de incertidumbre, podemos confiar en que Dios mismo es nuestro muro de fuego. Su presencia nos rodea, nos guarda y nos da seguridad. No temas lo que está delante de ti. Si Dios está en medio de tu vida, estás bajo su cuidado.
Oración: Señor, sé mi muro de protección y permanece en medio de mi vida. Ayúdame a confiar en tu presencia cada día. Amén.
