“Al siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Juan 1:29
Juan el Bautista reconoció en Jesús al Cordero de Dios, el sacrificio perfecto enviado para quitar el pecado del mundo. Esto nos recuerda que no hay carga, culpa o pecado que Cristo no pueda limpiar. Él vino con un propósito claro: darnos salvación y reconciliarnos con Dios. Hoy podemos vivir en libertad, sabiendo que en Jesús hay perdón, gracia y una nueva oportunidad.
Oración: Señor Jesús, gracias por ser el Cordero de Dios que quitó mis pecados. Hoy reconozco tu sacrificio y recibo tu perdón. Ayúdame a vivir en obediencia y gratitud, recordando cada día tu amor por mí. Amén.
